La espasticidad es un proceso complejo que resulta difícil de definir de forma clara y sencilla, y que requiere conocer algunos conceptos para comprenderla en profundidad.
Forma parte de la clínica de muchas patologías y lesiones que afectan al Sistema Nervioso Central (SNC). Se manifiesta con un aumento del tono muscular que conlleva una alteración del movimiento. Además, si se prolonga en el tiempo pueden aparecer contracturas, deformidades y limitaciones de la movilidad.
Es importante conocer no solo sus síntomas sino también por qué se produce, pues debemos saber diferenciar espasticidad y rigidez, dos conceptos que a priori pueden parecer lo mismo, pero que poco tienen que ver.
Contenidos del artículo
Qué significa espasticidad
En 1980, Lance definió la espasticidad como “un trastorno motor caracterizado por un aumento dependiente de velocidad en el reflejo de estiramiento muscular, también llamado miotático, con movimientos exagerados en los tendones, que se acompaña de hiperreflexia e hipertonía, debido a la hiperexcitabilidad neuronal, siendo uno de los signos del síndrome de neurona motora superior”.
Y esto, ¿qué quiere decir? Pues bien, en personas con espasticidad, el músculo tiene una reacción exagerada ante el estiramiento. En condiciones normales, cuando se produce un estiramiento rápido y repentino del músculo se desencadena una reacción de contracción en ese mismo músculo, es un mecanismo de protección a un posible sobreestiramiento. Esta reacción es fundamental en el mantenimiento de la postura. Cuando se encuentra exaltada (como sucede en la espasticidad), las reacciones para mantener la postura son excesivas, haciendo complicado mantener una posición. Todo esto conlleva una exaltación de los reflejos y un aumento de tono muscular constante.
Además, es importante destacar que la espasticidad es «velocidad-dependiente», es decir, que cuanto más rápido es el movimiento más exaltada será la respuesta de contracción muscular. Por el contrario, si movemos la articulación lentamente, encontraremos menos resistencia al movimiento y, por tanto, más rango articular.
Se trata, por tanto, de una lesión que provoca un aumento de las respuestas de contracción muscular ante un estímulo de estiramiento. Es decir, aparecen movimientos exagerados ante estímulos pequeños.
Por qué se produce la espasticidad
La causa de la espasticidad es una lesión de la motoneurona superior, la neurona encargada de enviar la información desde la corteza motora (en el cerebro) hasta la médula espinal. Al producirse una afectación en esta vía de envío de información, se provoca una respuesta alterada en la reacción del músculo, caracterizada por los característicos movimientos comentados anteriormente.
Se considera que cualquier daño en una estructura nerviosa (tracto corticoespinal y otros fascículos de activación indirecta) que influye en la función de la neurona motora inferior (encargada de mandar señales al músculo) puede producir aumento del tono y exageración de los reflejos.
Las lesiones más comunes en las que encontramos espasticidad son:
- Parálisis Cerebral (PC).
- Esclerosis Múltiple (EM).
- Traumatismos craneoencefálicos (TCE).
- Daño Cerebral Adquirido (DCA).
- Lesiones en la médula espinal.
- Esclerosis lateral Amiotrófica (ELA).
Consecuencias de la espasticidad
Cuando aparece una lesión que puede provocar espasticidad la atención precoz es crucial para evitar las posibles complicaciones derivadas.
- Puede ocasionar acortamientos de estructuras musculares y tendinosas.
- Si no se combate, aparece pérdida de estiramiento, de la flexibilidad muscular y del rango de movimiento.
- Todo ello conllevará atrofia muscular, cambios degenerativos en el músculo y contracturas.
Cuando estas circunstancias perduran en el tiempo sin tratamiento preventivo que actúe en contra, encontraremos deformidad articular y cambios en la estructura interna de músculos y otros tejidos.
Cómo tratar la espasticidad
A día de hoy la espasticidad no tiene tratamiento directo. Las técnicas van encaminadas a mejorar los síntomas, actuar sobre el tono y prevenir las posibles complicaciones musculoesqueléticas y funcionales derivadas.
La actuación siempre será personal e individualizada, atendiendo a las necesidades de cada patología y cada sujeto en particular.
Los tratamientos que han demostrado más efectividad para combatir y frenar la espasticidad son:
Fisioterapia y ortesis
Constituyen la base en el tratamiento de la espasticidad. No puede disminuir la espasticidad, pero sí combatir y prever las complicaciones futuras.
La fisioterapia está encaminada a la realización de tareas y ejercicios que proporcionen movilidad y actividad en la musculatura. Las técnicas que han mostrado más beneficios para el mantenimiento de longitud muscular y mejora de la función son aquella en las que hay movimiento voluntario con el músculo en estiramiento. Para que esto tenga lugar de manera continuada, habitualmente se confeccionan adaptaciones sencillas que pueden ser utilizadas en el entorno de la persona.
Por el contrario, los estiramientos pasivos no han demostrado efectividad para mejorar la estructura muscular del músculo espástico.
Este trabajo de fisioterapia se complemente con el uso de ortesis, indicadas para prevenir las deformidades y mantener el alargamiento muscular de manera constante. Asimismo ayudan al correcto alineamiento de las estructuras y confeccionados a medida facilitan la actividad y la función de los miembros afectados.
Fármacos:
- Toxina botulínica (NTBo-A): medicamento que se inyecta de manera en los músculos espásticos hiperactivos para bloquear localmente la espasticidad. Su efecto es el de reducir esta hipertonía.
- Diazepam: medicación por vía oral que actúa sobre el SNC.
- Baclofeno: es un agente farmacológico antiespástico que reduce la hiperactividad de los reflejos de estiramiento, el clonus y el espasmo muscular. Puede administrarse de manera oral, pero ha demostrado más efectividad aplicada directamente en la médula espinal a través de una bomba implantada quirúrgicamente dentro del abdomen.
Cirugía:
En la mayoría de los casos la cirugía tiene lugar para corregir deformidades ya instauradas o para tratar de disminuir acortamientos musculares que provocan graves déficits funcionales.
Sin embargo, la rizotomía dorsal selectiva (RDS) ha demostrado ser un procedimiento quirúrgico muy efectivo en casos graves de espasticidad. Consiste en la sección selectiva de raíces nerviosas en la médula espinal. Dado los altos riesgos que conlleva su práctica se limita a casos concretos.
Espasticidad y rigidez
Como ya hemos visto, la espasticidad consiste en una hipertonía que conlleva acortamientos musculares, pérdida de flexibilidad y disminución del rango de movimiento. Es por ello, que se confunde fácilmente con rigidez, pues igualmente va asociada a una pérdida de movilidad y se produce un aumento del tono. Sin embargo, es crucial, sobre todo para los profesionales, saber diferenciar estos dos tipos de hipertonía.
La rigidez presenta una resistencia al movimiento pasivo en todo el rango de movimiento. Mientras que la espasticidad cede cuando realizamos el estiramiento de manera lenta, la rigidez mantiene una resistencia constante durante toda a amplitud. Es posible que ceda de manera intermitente, en forma de pequeños saltos. Este fenómeno se conoce como «rueda dentada», un nombre que ejemplifica muy bien este tipo de movimiento.
La rigidez se produce por una activación de músculos agonistas y antagonistas a la vez. Por ejemplo, al movilizar una rodilla, isquiotibiales y cuádriceps se contraen de forma simultánea ofreciendo una resistencia constante. Es decir, al movilizar una articulación de forma pasiva el músculo que realiza la acción y el opuesto se contraen de forma conjunta. Esto es debido a un fallo en el proceso de inervación recíproca, mecanismo por el cual, en condiciones normales, al contraer un músculo el opuesto se relaja.
De forma general, los músculos principalmente afectados en la rigidez son los flexores, mientras que en la espasticidad encontramos más prevalencia de los flexores en miembros superiores y de isquiotibiales y tríceps sural en los miembros inferiores. Además, los reflejos tendinosos no se encuentran afectados en la rigidez, en contraposición a los que hemos expuesto que ocurre con la espasticidad.
La rigidez es consecuencia de una lesión en la vía extrapiramidal, en los ganglios basales; mientras que, como ya hemos visto, la espasticidad se produce una lesión en la motoneurona superior.
Las escalas de valoración más frecuentemente utilizadas para estos 2 tipos de hipertonía son:
- La Escala Modificada de Asworth para espasticidad.
- El Sistema de Valoración Unificado para Enfermos de Parkinson para valorar rigidez.
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